Deportes

Mundial Rusia 2018: el perfil de los 35 elegidos revela el arriesgado plan de Jorge Sampaoli para atacar siempre

  • Por: Actualidad Sur /
  • 15 May. de 2018

La Argentina se defiende mal. Entre Nigeria y España le marcaron diez goles, una metralla que retrató desajustes, recorridos incompletos y coberturas apenas parciales.

Faltan hábitos y sobran errores de ejecución. ¿Se puede corregir? Tal vez maquillar, pero para conseguir garantías estructurales ya no habrá tiempo. Hace algunas semanas, a Jorge Sampaoli le propusieron que repasara la campaña de los últimos campeones del mundo y prestara atención en la solidez de su propio arco: a Alemania le marcaron 4 goles en 2014, a España solo 2 en 2010, a Italia también apenas 2 en 2006, a Brasil únicamente 4 en 2002. "¿Viste? Para ganar no te tienen que hacer goles.", le subrayó el pragmático interlocutor. La evidencia es incontrastable. Pero a Sampaoli, su instinto le impone atacar.

La Argentina tiene atacantes, en consecuencia piensa atacar. Y desde esa convicción puede entenderse la lista de 35 futbolistas preseleccionados. El corte es nítidamente ofensivo, si la nómina sufre de algún desbalance es porque se vuelca claramente hacia el área contraria. Aparecen Messi, Higuaín, Agüero y Di María, sí, los históricos. Pero también Dybala, Cristian Pavón y Centurión. Y hasta entre los que no pasarán el corte definitivo sobresale el poder de fuego: Icardi, Lautaro Martínez y Diego Perotti.

Y si casi un tercio de la nómina está gobernada por delanteros, entre los mediocampistas el perfil agresivo se acentúa. Porque Sampaoli llevará a Rusia a Lanzini y a Lo Celso. También a Salvio y a Acuña, a quienes hasta proyecta como laterales en caso de emergencia. Y a volantes de inicio, de primer pase, como Éver Banega y Guido Pizarro. En la preselección se reservó a Leandro Paredes, Enzo y Pablo Pérez, intérpretes mixtos, además de Maxi Meza, prácticamente un delantero más. Todos al ataque. Apenas Biglia y Rodrigo Battaglia prácticamente completan la planilla de recuperadores, esos soldados gregarios. Pero un N°5 genuino, de estilo batallador, no habrá. Porque Javier Mascherano volvió al casillero de los defensores y si escala al mediocampo solo responderá a algún sobresalto en la Copa, a un parche coyuntural.

Difícilmente la Argentina se pueda compensar, deberá convivir con ser un equipo sustancialmente desigual. Ahora con 35, o cuando el corte defina la lista final de 23 jugadores, igualmente la selección parecerá quebrada por la conformación del plantel. Y no es necesariamente por un error de Sampaoli, sino un vacío de materia prima de élite -ni Kranevitter ni Ascacibar convencieron al entrenador- y poco tiempo para ensayar opciones. Desactivar las bombas en las escabrosas eliminatorias impidieron afirmar pilotes para construir confianza.

Diego Simeone sostiene, seguramente con buen juicio: "Sin equilibrio estás siempre mucho más lejos de ganar". Pero hay contextos, y hoy la llave que le da sentido a cualquier ilusión mundialista albiceleste es su volcán ofensivo. Esta selección, por mandato de su técnico, insistirá con lo que mejor ejecuta. Los nombres elegidos confirman que convivirá con el desequilibrio. Se puede intentar enmascarar la descompensación acercando más las líneas, subiendo la presión para atacar la posesión rival e imprimirle más intensidad a la recuperación. El cuerpo técnico reclamará un firme compromiso grupal, con generosidad para asumir tareas que no siempre registrarán los flashes. Con los descensos de Di María y algunos cortes en diagonal del centrodelantero, con Lanzini y Lo Celso muy involucrados en asfixiar la pérdida de la pelota para recuperarla muy arriba.

Lo explicó el propio Sampaoli: "Nuestra mejor defensa va a estar vinculada con nuestro ataque y con la posesión del balón, las pérdidas tienen que ser en zonas en las que podamos recuperar rápido". Atacar mucho y administrar la pelota será el primer movimiento defensivo. Si el rival no dispone de posibilidades para atacar, el arco propio descansa.

"Atacar bien influye posteriormente para defender bien. Ataque y defensa están totalmente interelacionadas. En un Mundial no alcanza con desarrollar una sola faceta", le confió a La Nacion un integrante del cuerpo técnico. La aspiración es lógica, pero la imprescindible mecánica de trabajo demandaría más que 30 días.

Argentina es elogiada y temida por Messi y compañía. ¿Por qué después de recibir una lección de España y perder 6-1 todavía la selección enciende ilusiones? Porque esa tarde no jugaron Messi, Agüero, Lanzini ni Di María, teóricos titulares en el debut mundialista con Islandia, y entonces la sensación de que nada está perdido se aferra con uñas y dientes. Dentro de un equipo, en el ataque es donde hay más espacio para la espontaneidad y la creatividad. Y las combinaciones son múltiples entre las maniobras de crack de Lionel Messi, la gambeta de Dybala, las velocidades de Di María y Pavón, el oficio de goleador del Kun Agüero e Higuaín, la astucia de Centurión...

 

Advertencia: en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014 con el volumen ofensivo no alcanzó. Y pasaron Pastore, Diego Milito, Palermo, Tevez, Verón, Maxi Rodríguez, Lavezzi, Ricky Álvarez, Palacio, Di María, Agüero, Higuaín. y Messi. Hace falta un envase contenedor. Diego Maradona propuso un disparate y Alejandro Sabella se blindó de recaudos a medida que las lesiones mojaron la pólvora. Idealmente, se necesita una selección que transite con naturalidad por las dos estaciones del juego, que sepa descomponerse para atacar y defender. La Argentina casi nunca lo logró. Ni antes, ni ahora. "Que el juego sea la solución", le cuenta a La Nacion alguien muy cercano al técnico. Esa es la síntesis. Allí ancla la esperanza. Porque además de los delanteros, la selección cuenta con organizadores para que la propuesta no se reduzca al cañoneo ofensivo. Con Messi siempre en otra dimensión, Lo Celso y Lanzini encierran la apuesta más fuerte del entrenador. Ellos serán el termómetro, los titiriteros, la aduana que disimule todo lo posible la tendencia a fragmentarse que habitará en el ADN del equipo albiceleste.

Menos optimista es la mirada sobre la defensa. No sobra jerarquía y su funcionamiento como bloque ha crujido casi siempre en el ciclo Sampaoli. Salvo Nicolás Otamendi, el resto entra más en la categoría de cumplidores que en la de indiscutidos. Por eso cobra aún más protagonismo el ala ofensiva si la retaguardia no reparte muchas garantías. Entonces, se refuerza la lectura original: Sampaoli apuesta por un lote de atacantes que sea capaz de convertir un gol más que el rival. O, al menos, esa es la pretensión para viajar a Rusia con optimismo en el equipaje.

El perfil de los intérpretes habla del conductor. Sampaoli eligió tomar riesgos, obsesionado con agredir al rival hasta la sofocación. El "protagonismo desmesurado", una de sus muletillas, reapareció por estas horas. El entrenador entendió que en el Mundial no podía atender un libreto ajeno. Está convencido de que debe ser él. El plan más atractivo de la Argentina es atacar. Tal vez ya no habrá tiempo para afirmar un equipo confiable, pero sí para plantar un equipo temible.

(La Nación)

Comentarios